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La Lectio Divina es un método de oración. La palabra Lectio divina proviene del latín que significa lectura divina, a través de un momento de reflexión y de oración utilizando un texto bíblico.

Este método de encuentro con Dios fue utilizado desde los primeros años del Cristianismo.

 

El primero en hacerlo conocer fue el teólogo,Orígenes, quien vivió entre el 185-254. Él afirmaba que para leer la Biblia con provecho es necesario hacerlo con atención, constancia y oración. En el centro de la práctica de la lectio divina se encuentra una actitud receptiva y reflexiva de lo que Dios nos dice por medio de su Palabra.

La Lectio Divina Contempla cuatro partes: lectio, meditatio, oratio y contemplatio (lectura, meditación, oración y contemplación).

Estas deben realizarse en silencio y contemplativamente. Durante el medioevo, esta metodología era utilizada principalmente entre el clero monástico. Con el tiempo se extendió a todos los fieles.

Actualmente es una práctica utilizada por muchos cristianos que desean profundizar en su fe y desean orar con la Palabra de Dios.

«Los carmelitas salmanticenses, comentadores de santo Tomás, definen a la contemplación del siguiente modo: ‘Mirada simple de la verdad bajo la influencia del amor’. 

La inteligencia en primer lugar lee (lectio); luego, considera, escruta, (meditatio); para hallar la calma en la luz de una verdad bajo la influencia del amor (contemplatio); y estos pasos desembocarán naturalmente en la oratión. 

Recorrer las páginas de la Biblia superficialmente, por mera curiosidad, sin interesarse de verdad en ella, no es lectura divina, hay que evitar todo mariposeo, hay que hacer como la abeja, que donde encuentra alimento se queda, saca todo lo que puede y luego se va al silencio de la colmena donde elabora el precioso producto de la miel. 

El Santo Padre Benedicto XVI invitaba, en particular a los jóvenes diciéndoles « adquieran intimidad con la Biblia, ténganla a la mano, para que sea para vosotros como una brújula que indique el camino a seguir». Por eso ya el Concilio Vaticano II nos lo había recordado: "La lectura asidua de la sagrada Escritura acompañada por la oración realiza un diálogo íntimo en el que, leyendo, se escucha a Dios que nos habla y, orando, le respondemos con confiada apertura del corazón."

Haremos la oración con el  Evangelio según San Lucas (4,16-30)

Paso 1. Leer: ¿Qué dice el texto? En primer lugar, se lee el texto.

Al nivel más básico, uno se pregunta: ¿Qué sucede en este pasaje del Evangelio? A veces, conviene usar un comentario bíblico o leer la explicación de la propia Biblia para entender mejor el contexto.

En este pasaje recordamos que Jesús está en la sinagoga de Nazaret, y que lee las Escrituras hebreas. Aquí, al principio de su ministerio público, el Señor revela tanto su identidad como su misión a los pobladores de su ciudad. ¡Qué impresionante debe haber sido para ellos escuchar que “un joven del pueblo” comenta una lectura del profeta Isaías, que luego dice: “Hoy mismo se ha cumplido la Escritura que ustedes acaban de oír.” En otras palabras ¡Yo soy el cumplimiento de la Escritura!

Al principio, seguramente la gente pensaba que era agradable escuchar la lectura que hacía Jesús, pero luego se vuelven contra Él y casi lo matan. De alguna manera, el Señor pasa en medio de ellos y se va. No es de extrañar, pues, que a este pasaje lo llamen “el rechazo en Nazaret.”

Paso 2. Meditar: ¿Qué me dice Dios a mí en este texto? 

En este punto, uno ve si hay algo que Dios quiere darle a conocer en este pasaje. Casi siempre uno puede relacionarlo con algún suceso o experiencia de su vida.

Por ejemplo, ¿ha habido situaciones o lugares en los que uno se ha sentido llamado a hablar “en nombre de Dios”, incluso aunque alguien lo rechace? En el pasaje del Evangelio, Jesús seguramente sabía que su mensaje sería polémico, pero así y todo lo proclamó. ¿Hay algo en tu vida que te pide adoptar una postura muy fi rme e incluso arriesgada? Quizás algo como esto es lo que Dios quiere comunicarte.

Paso 3. Rezar: ¿Qué le quiero decir yo a Dios sobre el texto? 

 

Después de meditar en este pasaje, tal vez uno sienta temor por lo que cree que el Señor le pide hacer. Si esto signifi ca defender a alguien que ha sido maltratado, o incluso defenderse uno mismo, quién sabe si la idea pueda asustarle. Tal vez uno tema ser rechazado, y más aún, ser rechazado por los conocidos y amigos cercanos, como lo fue Cristo en su propia ciudad.

Pero también uno puede sentirse animado por el ejemplo de la confi anza de Jesús, y recordar que todos los profetas probablemente sintieron algo de temor cuando tuvieron que cumplir una misión profética. Así y todo, tanto Jesús como los profetas actuaron a pesar del miedo, siempre confi ando en Dios. Usa esta parte de tu oración para decirle al Señor cómo te sientes al respecto. Sé honesto y no te preocupes: ¡A Dios no le sorprende ninguna emoción!

Paso 4. Actuar: ¿Qué hacer como resultado de la oración? 

 

Finalmente, uno actúa. La oración debe movernos a actuar, aunque esto solamente signifi que ser más compasivos y fieles.

Ahora que uno ha leído la narración de lo que hizo Jesús en la sinagoga, ha refl exionado sobre lo que Dios le dice y le ha dicho a Dios lo que piensa, es hora de entrar en acción. Tal vez se decida a realizar alguna acción concreta para defender con más decisión y valentía a quien se encuentre oprimido, o bien decida que quiere perdonar a alguien que le ha hecho algún mal, o incluso piense que quiere rezar más sobre lo que ha de hacer. Sea lo que sea, es hora de dejar la oración y pasar a la acción.

Saborear y escuchar. 

Hay otro modo de rezar la lectio divina ligeramente diferente, en el cual uno se queda meditando sobre una idea, una sola palabra o una frase que uno escoge del pasaje leído. De esta manera uno puede “saborear” el texto, como decía San Ignacio de Loyola. Esto resulta muy bien con los salmos.